Hipócrates ya definió la melancolía como una grave dolencia caracterizada por "una intensa tristeza originada por el efecto de la bilis negra sobre el cerebro". De hecho, ya en su Corpus Hippocraticum se reconoce un tipus melancholius (Hipócrates, Aforismos IV, 23): "El miedo y la tristeza, cuando duran mucho tiempo, constituyen una afección melancólica".
Evidentemente todos nos hemos sentido tristes en algún momento de nuestras vidas pero la depresión no es sólo una sensación de tristeza o desánimo sino una patología que progresa de forma constante afectando a nuestros pensamientos, sentimientos, salud física y comportamiento. Hasta el punto de alterar profundamente la vida de quien la padece y -en mayor o medida- la de su familia.
Y lo malo es que la cifra de personas con depresión aumenta constantemente calculándose que la sufre -en distintos grados- un 14% de la población mundial, un 3% de la cual termina siendo atendida en centros hospitalarios mientras otros superan sus episodios depresivos de forma espontánea o con simple ayuda terapéutica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2020 será la primera causa de baja laboral en los países desarrollados y la segunda "enfermedad" más frecuente en el mundo. Lo singular es que las personas más proclives a la depresión son los solteros, divorciados y separados mientras se da mucho menos en los casados o entre quienes viven en pareja. Siendo también más habitual en las mujeres que en los hombres. Lo que indica que su causa puede tener un claro origen psicosomático y, por tanto, el tratamiento psicológico debería constituir la primera propuesta terapéutica a la que recurrir y no la farmacológica.
Obviamente hay que diferenciar también entre los cambios de humor intermitentes en los que aparecen periodos de tristeza, soledad o infelicidad -que son muy frecuentes y son consecuencia de los acontecimientos diarios de la vida- pero que distan mucho de ser una patología -hablaríamos de una depresión leve- y la depresión propiamente dicha cuyos episodios se alargan en el tiempo y se caracterizan por una sintomatología mucho más severa probablemente porque el estado de tristeza continuado termina provocando modificaciones bioquímicas en el organismo que se reflejan orgánicamente. Es decir, la depresión termina afectando al organismo, al ánimo, a la manera de pensar y repercute en nuestra autoestima. De hecho, termina llevando a muchas personas a la soledad, a la pérdida de motivación, a la fatiga física, emocional y psíquica y hasta a desear la muerte. Puede convertirse pues en un trastorno psicótico en el que el individuo queda incapacitado para actuar de forma normal en su vida diaria. Cabe añadir que las personas deprimidas se consideran desgraciadas, frustradas, humilladas, rechazadas o castigadas. Suelen caracterizarse por:
Una baja autoestima. La persona deprimida muestra una marcada tendencia a considerarse deficiente, inadecuada e inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un defecto físico, moral o mental.
Rechazo de sí mismo (ya que cree que los demás le rechazan).
Consideración negativa del mundo. Se sienten sometidos socialmente y consideran el hecho de vivir como una enorme exigencia llena de obstáculos que se interfieren con el logro de los objetivos de su vida.
Consideración negativa del futuro. Ven que sus problemas y experiencias comunes continuarán indefinidamente y que se le amontonarán otros mucho peores en su vida.
Deforman sus experiencias. Malinterpretan acontecimientos concretos e irrelevantes tomándolos como fracaso, privación o rechazo personal. Exageran o generalizan excesivamente cualquier situación por sencilla que sea tendiendo también a hacer pronósticos indiscriminados y negativos del futuro.
Los síntomas más característicos de una depresión, en definitiva, son:
» Pérdida de interés por las cosas.
» Sentimiento de tristeza y decaimiento emocional.
» Pérdida de energía acompañada de cansancio, en algunos casos acompañados de un estado de inquietud difícil de apaciguar.
» Sentimiento de culpabilidad.
» Pérdida de apetito con la consiguiente pérdida de peso.
» Falta de concentración, imposibilidad para tomar decisiones, etc.
» Dificultad para conciliar el sueño.
Todos estos síntomas suelen estar asociados a otros de marcado carácter físico como son:
» Dolores de cabeza.
» Molestias y dolores generalizados.
» Problemas digestivos y gástricos.
Hipócrates ya definió la melancolía como una grave dolencia caracterizada por "una intensa tristeza originada por el efecto de la bilis negra sobre el cerebro". De hecho, ya en su Corpus Hippocraticum se reconoce un tipus melancholius (Hipócrates, Aforismos IV, 23): "El miedo y la tristeza, cuando duran mucho tiempo, constituyen una afección melancólica".
Evidentemente todos nos hemos sentido tristes en algún momento de nuestras vidas pero la depresión no es sólo una sensación de tristeza o desánimo sino una patología que progresa de forma constante afectando a nuestros pensamientos, sentimientos, salud física y comportamiento. Hasta el punto de alterar profundamente la vida de quien la padece y -en mayor o medida- la de su familia.
Y lo malo es que la cifra de personas con depresión aumenta constantemente calculándose que la sufre -en distintos grados- un 14% de la población mundial, un 3% de la cual termina siendo atendida en centros hospitalarios mientras otros superan sus episodios depresivos de forma espontánea o con simple ayuda terapéutica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2020 será la primera causa de baja laboral en los países desarrollados y la segunda "enfermedad" más frecuente en el mundo. Lo singular es que las personas más proclives a la depresión son los solteros, divorciados y separados mientras se da mucho menos en los casados o entre quienes viven en pareja. Siendo también más habitual en las mujeres que en los hombres. Lo que indica que su causa puede tener un claro origen psicosomático y, por tanto, el tratamiento psicológico debería constituir la primera propuesta terapéutica a la que recurrir y no la farmacológica.
Obviamente hay que diferenciar también entre los cambios de humor intermitentes en los que aparecen periodos de tristeza, soledad o infelicidad -que son muy frecuentes y son consecuencia de los acontecimientos diarios de la vida- pero que distan mucho de ser una patología -hablaríamos de una depresión leve- y la depresión propiamente dicha cuyos episodios se alargan en el tiempo y se caracterizan por una sintomatología mucho más severa probablemente porque el estado de tristeza continuado termina provocando modificaciones bioquímicas en el organismo que se reflejan orgánicamente. Es decir, la depresión termina afectando al organismo, al ánimo, a la manera de pensar y repercute en nuestra autoestima. De hecho, termina llevando a muchas personas a la soledad, a la pérdida de motivación, a la fatiga física, emocional y psíquica y hasta a desear la muerte. Puede convertirse pues en un trastorno psicótico en el que el individuo queda incapacitado para actuar de forma normal en su vida diaria. Cabe añadir que las personas deprimidas se consideran desgraciadas, frustradas, humilladas, rechazadas o castigadas. Suelen caracterizarse por:
Una baja autoestima. La persona deprimida muestra una marcada tendencia a considerarse deficiente, inadecuada e inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un defecto físico, moral o mental.
Rechazo de sí mismo (ya que cree que los demás le rechazan).
Consideración negativa del mundo. Se sienten sometidos socialmente y consideran el hecho de vivir como una enorme exigencia llena de obstáculos que se interfieren con el logro de los objetivos de su vida.
Consideración negativa del futuro. Ven que sus problemas y experiencias comunes continuarán indefinidamente y que se le amontonarán otros mucho peores en su vida.
Deforman sus experiencias. Malinterpretan acontecimientos concretos e irrelevantes tomándolos como fracaso, privación o rechazo personal. Exageran o generalizan excesivamente cualquier situación por sencilla que sea tendiendo también a hacer pronósticos indiscriminados y negativos del futuro.
Los síntomas más característicos de una depresión, en definitiva, son:
» Pérdida de interés por las cosas.
» Sentimiento de tristeza y decaimiento emocional.
» Pérdida de energía acompañada de cansancio, en algunos casos acompañados de un estado de inquietud difícil de apaciguar.
» Sentimiento de culpabilidad.
» Pérdida de apetito con la consiguiente pérdida de peso.
» Falta de concentración, imposibilidad para tomar decisiones, etc.
» Dificultad para conciliar el sueño.
Todos estos síntomas suelen estar asociados a otros de marcado carácter físico como son:
» Dolores de cabeza.
» Molestias y dolores generalizados.
» Problemas digestivos y gástricos.
» Dificultades en las relaciones sexuales.